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Nuestros Testigos en la fe

La Diócesis de Abancay tiene vidas ejemplares que nos animan en la fe, amor y esperanza: “Con profunda humildad, también nosotros, en nuestra joven  iglesia particular de Abancay, podríamos enumerar tantas vidas y obras de fe. Pensemos en su segundo obispo, muerto en olor de santidad, Monseñor Enrique –cuyo lema episcopal era “ardeonam credo”: “estoy ardiendo, porque tengo fe”-,  Y antes, en su primer obispo Monseñor Alcides, recientemente fallecido. Asimismo, están en la memoria de todas las personas consagradas -de las distintas congregaciones que han trabajado en esta diócesis- que vivieron y murieron santamente. Y son innumerables los fieles laicos –también en la familia de cada uno de nosotros-“que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz” - Misal Romano- (Mons. Gilberto Gómez, Abancay 2013).

SEBASTIAN QUIMICHU

Un gran devoto de la Virgen de Copacabana

En la república del Perú, durante la conmemoración de las “Bodas de Oro” de la creación de la Diócesis de Abancay (1958 – 2008), merece especial mención la figura de Sebastián Quimichu, el iluminado indígena que desde orillas del Titicaca llevó cargando en hombros hasta Cocharcas, una réplica de la milagrosa imagen de la Madre de Dios que en la actualidad es Patrona de la Diócesis de Abancay.

El año 1593, el joven indígena –cuando apenas contaba con 23 años de edad- se encontraba lejos de su pueblo natal, con los brazos gangrenados y llagas por todo el cuerpo por causa de astillas que se le habían quedado incrustadas en uno de los brazos. Todo intento de curación había sido vano, a tal punto que hasta los familiares más cercanos lo habían abandonado.

En momentos en que se hallaba aguardando impaciente que la muerte lo busque, entre sueños se le aparece la Virgen de Copacabana diciéndole en idioma quechua: - “Sebastián, búscame en mi templo de orillas del Titicaca, que yo sanaré tus heridas”. Al día siguiente, recogiendo las últimas fuerzas que le quedaban acudió al llamado de la Virgen, emprendiendo una larga y fatigosa marcha.

Al ingresar al templo del Titicaca de rodillas, con el alma embargada por indefinibles sensaciones, le dedicó un florilegio de versos y oraciones de su inspiración. Y apenas se hubo levantado, las heridas habían desaparecido, por lo cual Sebastián viendo sus brazos sanos y salvos, prometió cargar a la Virgen por el resto de sus días, adoptando el apellido “Quimicho”, que en quechua significa “el que porta”, “el que conduce”.

En el Santuario de Copacabana, Quimicho se entera de la historia del origen de tan milagrosa imagen, que fuera modelada en la Villa Imperial de Potosí por el Inca Francisco Tito Yupanqui, quien portándola después en hombros la había conducido tras una caminata de varios meses hasta su pueblo natal, donde a merced de la devoción de los fieles se había levantado aquel magnífico templo.

Como primera muestra de gratitud, imitando al modelador de tan milagrosa imagen, Quimicho decide portar hasta su pueblo una réplica de la Virgen, encargando al mismo escultor de Copacabana una copia lo más exacta posible de la Virgen del Titicaca, sin nisiquiera contar con los recursos necesarios, por lo cual tuvo que efectuar una colecta por diversos puntos.

Mientras aquello sucedía, los sacerdotes de Copacabana habían colocado la copia en el altar, al lado del milagroso original. Ambas eran tan parecidas, que meses después nadie sabía distinguir cual era la original, a tal punto que una pia tradición peruana cuenta que al momento de la entrega le dieron a Quimicho la auténtica…

En realidad el detalle poco interesa, ya que todas las tallas de Yupanqui fueron igualmente milagrosas. Así lo certifica el cronista fray Antonio de la Calancha cuando dice: “Venturoso indio que escogió Dios para que las imágenes que hiciera admiraran con sus milagros y fuesen portento de maravillas, queriendo así que los indios incrédulos vieran las omnipotencias de la Gracia que honraba sus devociones, haciendo milagrosas las imágenes que salieran de sus manos”.

Antes de emprender la peregrinación hacia su lejano pueblo natal, Quimicho corta una larga rama dándole forma de un cayado, al que amarra en la punta un pedazo de lienzo blanco; talla una quenilla de sonido inconfundible para interpretarla acompañada con tambor; y finalmente construye una caja donde coloca a la Virgen para cargarla amarrada a la espalda.

La tradición popular refiere que el momento en que se despedía del Santuario de orillas del Titicaca, pajarillos de vivos colores se le asentaban en los hombros, en señal de las bendiciones con que la Virgen de Copacabana lo despedía.

Caminaba siempre entonando la “Chirisuya”, la quenilla que así llamó en recordación de las “Chirimías” que cuando niño había visto interpretar a los soldados españoles en los desfiles. A decir de un cronista, cuando pulsaba ese instrumento “se allanaban las rocas y florecían los campos”…

El devoto indígena iba de pueblo en pueblo, mientras la Virgen asombraba con sus milagros, corriendo la voz por las comarcas vecinas. La leyenda cuenta que tan pronto arribaba a algún lugar, las campanas de los templos repicaban por sí solas, saliendo a recibirla sacerdotes con cruces y pendones, mientras la gente echaba pétalos de flores y mistura a su paso.

De una jornada a otra se sumaban a la comitiva, grupos de música y danzas que la acompañaban entonando cánticos. De la misma suerte, en las despedidas le seguían fervorosamente hasta la salida del pueblo, y algunos dejando sus tierras, haciendas y casas con extraña devoción la seguían, cantando himnos y alabanzas en el trayecto.

Por los lugares donde pasaba era recibido con entusiasmo. No obstante, se dice que por la indigencia que aparentaba en uno lo vieron como Ladrón, siendo apaleado y conducido arrastrando cadenas hasta la cárcel. Y mientras se averiguaba la procedencia, el bulto de Virgen fue depositado en la sacristía del templo.

La leyenda, señala que esa misma noche la Virgen se apareció en la celda de Quimicho, y soltándole de sus amarras le dijo: “Sebastián, cárgame en tus hombros y prosigue tu camino”. Y en efecto, el indígena así lo hizo, abandonando el pueblo sin que nadie lo notara amparado por las penumbras.

Sin embargo, al correr la voz sobre la fuga de Quimicho, en las siguientes poblaciones acontecería lo mismo. Únicamente cuando pusieron siete candados al indígena y por separado siete candados a la celda de la Virgen, y a la mañana siguiente no encontraron a ninguno, dejarían finalmente de molestarlo…

Entre muchos detalles que Quimicho pasara en el trayecto, se dice que luego de recorrer las pampas de Ercuya, al llegan al lugar hoy llamado Niño Puquio, el Niño tuvo sed y la Virgen hundió su cetro en una roca de donde brotó agua cristalina, que hasta hoy sigue corriendo.

Finalmente, un día en que habían descansado a los pies de una cruz grande de madera, al no encontrar la escultura a la madrugada siguiente, Quimicho bajó a toda prisa la hondonada, divisando al fondo a la Virgen encima de una charca de agua.

Y en aquel lugar, cuyo nombre en quechua significa “esto fue un lago”, la Virgen pidió se le construya su templo, que rápidamente se convirtió en el Santuario más famoso del Perú en tiempos de la colonia (Marcelo Arduz Ruiz).

NOTA:En 1598 Quimichu empezó a buscar financiamiento para la construcción del santuario de Cocharcas en el Alto Perú. En 1600 murió en Cochabamaba (Bolivia) con fama de santidad, como reconocen los padres agustinos de entonces. También para el pueblo fiel es gran devoto de la Virgen y la imitan en sus virtudes y la ponen como intercesor ante Dios. Recién en 1623 se le dedicó el santuario actual, que años más tarde reedificó y culminó el ilustre Obispo de Huamanga, Don Cristóbal de Castilla y Zamora. En un letrero, aún visible, se lee: “Acabóse esta Iglesia y Retablo de Ntra. Sra. de Cocharcas. Año 1675”. Mons. Fidel Olivas Escudero hizo trasladar los restos de Sebastián a la sacristía el 14 de setiembre de 1903 y en la lápida que los cubre hizo grabar la siguiente inscripción: “Aquí yacen los restos de Sebastián Martín, Quimichu de la Virgen de Cocharcas. Año 1600”.

MONS. ENRIQUE PELACH

La vida santa de un buen pastor

Ha muerto en olor de santidad Monseñor Enrique Pèlach, Obispo emérito de Abancay a los 89 años, exprimido como un limón, en frase de San Josemaría Escrivá. Llegó al Perú el año 1957 para trabajar en la Prelatura de Yauyos, bajo la dirección de Monseñor Ignacio María de Orbegoso, otro pionero de la santidad en los Andes en el siglo XX.  El año 1968 el Papa Paulo VI lo nombró Obispo de Abancay en donde  permaneció, hasta su muerte, los últimos 39 años de su vida.

Enrique como le llamamos sus amigos que tanto lo hemos querido, fue un hombre bueno y fiel. De un talante emprendedor y con una sencillez que movía montañas. Acercó a Dios a miles de hombres y mujeres de toda edad y de toda condición humana. Lo mismo estaba a caballo o en mula por los Andes en una misión a más de 4000 metros de altura que sonriendo a un niño, atendiendo a un moribundo o cantando bajito a la belleza de las montañas y de los abismos por donde cabalgaba. Fue un alma limpia, transparente y noble que ardía en amor a Dios y a todos los hombres.

Lo recuerdo siempre sereno, alegre y discreto. Leal y buen amigo, sin doblez. Con una capacidad de hacer amigos extraordinaria. Alma de poeta. Amante de la comunicación como medio esencial en la nueva evangelización.

Catequista con gran don de lenguas. Su pasión por llevar el amor a Dios a todo el mundo la cultivó desde muy joven y fue creciendo en su alma de manera impresionante. La catequesis era una urgencia en él y así lo manifestó, por ejemplo, en esa monumental obra del Catecismo de Pèlach-Kühner, con más de 100,000 ejemplares vendidos por toda nuestra geografía. El Devocionario Rezar y Cantar ha sido otro instrumento para miles y miles de hermanos nuestros campesinos del trapecio andino.

Su amor por los más pobres era de una profundidad evangélica tremenda. Contemplaba en el silencio de la oración las dificultades y se ponía a trabajar de manera inmediata e intensa. Hogares para jóvenes, leproserías, orfelinatos, guarderías. Hay que visitar Abancay para conocer el alma de Enrique, el buen pastor.

Vivió el sacerdocio siguiendo fielmente el espíritu de San Josemaría Escrivá y al estilo  del santo Cura de Ars; realizó su misión episcopal al modelo de santo Toribio de Mogrovejo, sin aspavientos, sin espectáculos. Entendió que la formación de jóvenes para el sacerdocio era vital en la Iglesia. En Abancay se lanzó, lleno de fe y siguiendo precisas indicaciones de San Josemaría Escrivá, a impulsar el Seminario Menor y Mayor. Son más de 150 los sacerdotes peruanos que estudiaron ahí,  que lo recuerdan como padre y amigo entrañable.

Formador de almas recias y  al mismo tiempo constructor de muchas iglesias, casas parroquiales, casas de formación, santuarios y todo lo que fuera necesario para evangelizar. El hambre de Dios y el hambre de pan, frase de Juan Pablo II en el Perú, los satisfacía a manos llenas.

Se nos fue en silencio, apagándose poco a poco en su vieja cama y en su viejo dormitorio. Te invocamos como intercesor y seguros de que nos ayudarás "antes, más y mejor". Amaste al Perú y a tu querido Abancay mucho más que muchos peruanos: “He besado muchas veces, con toda el alma, este nuevo suelo patrio. Lo he amado y trato de servir en nombre de Dios, que me ha enviado a él” escribió Enrique;  por eso te digo, con la confianza que te tengo, que “Vales un Perú”. Por sus frutos los conocerán nos enseña el Espíritu Santo, y tú sonríes desde el Cielo animándonos a seguirte de la mano de María Santísima, la “Mamacha” Cocharcas(Artículo escrito por el Cardenal Juan Luis CiprianiThorne, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, con motivo del fallecimiento de Monseñor Enrique Pèlach y Feliu, obispo emérito de Abancay. El Comercio: 2007/08/02).

NOTA: Proceso de beatificación de Mons. Enrique Pèlach

La diócesis de Abancay ha iniciado el proceso de beatificación de Mons. Enrique Pèlach y Feliù, quien fuera obispo de esa circunscripción de 1968 a 1992. La labor pastoral de Mons. Pèlach es impresionante: construcción de asilos, comedores, dispensarios médicos, iglesias, seminarios, edición de catecismos y otros libros pastorales. Del Catecismo que escribió con Mons. Antonio Kühner (Editorial Andina, 1975) se han vendido más de cien mil ejemplares. Algo se puede leer en su autobiografía: "Abancay. Un obispo en Los Andes" (Rialp, 2005).

Don Enrique Pèlach nació en Gerona en 1917. Se ordenó sacerdote en 1944. Realizó estudios de Misionología en Roma, donde conoció a San Josemaría Escrivá. Fue el primer socio agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Vino al Perú en 1957 para trabajar en la Prelatura de Yauyos. Falleció en Abancay en olor de santidad en el año 2007.

Aquí se puede leer una reseña más amplia de su vida y aquí una poesía compuesta con motivo de su fallecimiento, de la que anoto unos versos:

¡Abrid los ojos, hermanos abanquinos!

Cristo dijo: "Por los frutos os conoceréis".

Ahí están los frutos de su oración, entrega y fidelidad:

Preocupación por el clero: los Seminarios "la niña de sus ojos".

Devoción a la Virgen: los Santuarios.

Amor a la Eucaristía: los Templos.

Compasión por los enfermos: Centro Médico "Santa Teresa".

Cuidado de la juventud: Hogares estudiantiles.

Empeño en dar doctrina: Catecismos y guías cristianas.

Amigos míos: Obras son amores y no buenas razones.

Betafilms hizo un bonito reportaje de su trabajo, que se puede ver en Youtube:http://es.gloria.tv/?media=222633

Quienes hayan recibido favores por intercesión de Mons. Pèlach, pueden dejar constancia de ello en el siguiente E-mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .

MADRE CELINA DEL NIÑO JESUS, O.C.D.

La esperanza de los desamparados

Madre Celina nace en Ayacucho el 31 de Octubre de 1928. Ingresa en el Monasterio del Carmelo a la edad de 19 años y profesa como religiosa en 1948. En 1964 se traslada a Abancay a fundar el nuevo monasterio.

Inaugurado el Monasterio de San José de Abancay, Madre Celina tiene otro proyecto: El Comedor de los Pobres. Como es religiosa de Clausura y siente vocación especial para esta obra, un Rescripto de la Santa Sede la autoriza salir al Externado. La apoyan las autoridades de Abancay y Mons. Enrique Pélach, quien también hace suyo el proyecto. El comedor es inaugurado el 30 de Julio de 1968.

Hogar de Ancianos

Los pobres afluyen cada vez en mayor número al comedor. Son atendidos con amor por Madre Celina. Llega a atender a diario a más de sesenta menesterosos.

Su actividad es intensa pero Dios quiere más. Un día muy temprano llueve copiosamente. Madre Celina sale hacia el Mercado y ve en el parque "Micaela Bastidas" un pobre, tendido en el suelo. Nota que el hombre no tiene fuerzas para levantarse. Madre Celina -como puede- lo carga y lo lleva hasta la puerta del Monasterio. Pide agua caliente y lo asea en la misma portería, vistiéndolo con ropa limpia. Luego le acomoda con frazadas en una caja de madera. El hombre está totalmente llagado y con heridas malolientes.

Sus hermanas monjas la aconsejan hablar con el Prefecto. ¿Qué debían hacer con aquel miembro dolorido de Cristo?, le dicen. El Prefecto viendo la situación, ofrece a Madre Celina el antiguo Hospital, ruinoso y en pésimas condiciones. Madre Celina, armada de fuerzas y de paciencia, limpia el lugar y prepara una habitación digna. Por la tarde acomoda a su mendigo en un catre viejo. Asiste al hombre hasta sanarle las heridas. Más tarde, también le dará cristiana sepultura.

El amor de Madre Celina va en aumento. Reúne a los pobres que encuentra en sus salidas: en los parques y rincones de Abancay, donde duermen al sereno. Este esfuerzo titánico también lo comparte y lo vive Mons. Enrique. Por esa razón, él viaja a Lima y tramita con la Beneficencia Pública la donación, al menos de una parte del viejo Hospital de Abancay. Así nace el "Hogar de Ancianos".

El 27 de Abril de 1973, se inaugura el "HOGAR DE ANCIANOS". Lo bendice el Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Luigi Poggi.

Desde esta fecha, el "Hogar de Ancianos" se encuentra casi siempre lleno. Los ancianos son atendidos con la más fina caridad cristiana. Viven en familia y los que aún tienen fuerzas ayudan a los que no pueden. Se les brinda ayuda en su salud corporal y espiritual. Madre Celina ha dado cobijo a unos trescientos ancianos.

El Aspirantado

La Madre Celina no puede llevar el trabajo ella sola, ni siquiera con la ayuda de las religiosas del Externado. Por ello piensa en el Aspirantado. La verdad es que ya desde 1968 hay jovencitas con inquietud vocacional. Ellas acuden desde sus casas, alternan el trabajo con ancianos y estudios de secundaria. Pronto Madre Celina prepara una habitación para ellas, porque además desean consagrarse a Dios. Madre Celina las forma en la vida espiritual y humana. Por sus manos han pasado más de 100 vocaciones de monjas carmelitas, y de otras congregaciones religiosas, ahora diseminadas por varias partes del mundo.

Otros Proyectos

La fe mueve montañas. La oración obtiene lo que uno quiere. Así de sencilla es Madre Celina. Ella es abnegada y generosa. Nunca repara en las necesidades del mañana. Vive al día el Evangelio: “Las aves del cielo no hacen nidos ni las flores del campo hacen tejidos y sin embargo el Padre Dios las alimenta y les da cobijo…”. Aquí está la fuerza interior de Madre Celina. El cansancio y los sufrimientos que exigen atender ancianos y menesterosos, no la doblegan. Dios da generosamente a las almas que le quieren y aman de verdad.

Madre Celina declaró a Radio Programas que, al principio, todos tenían miedo de los leprosos, pero luego entendieron que la lepra se propaga por la suciedad y falta de alimentación, por eso en los sitios civilizados no hay lepra. "La lepra sólo existe donde hay pobreza y no hay higiene". Con el correr de los años, el leprosorio fue deviniendo en el famoso Centro Médico Santa Teresa.

Madre Celina ha vivido una pobreza absoluta. Declaró a RPP: "Personalmente nunca he pedido nada a nadie, pero siempre pido a Dios para que Él mueva los corazones y venga la ayuda".

La Madre Celina del Niño Jesús ha dejado esta tierra, luego de haber servido a los pobres de Abancay por más de 43 años. Su labor siempre ha sido silenciosa y callada.

Madre Celina sufría de afección pulmonar. Por eso fue llevada a Lima para recibir un tratamiento más intenso, el 3 de octubre. Por su edad, no ha podido superar la enfermedad y Dios Padre se la ha recogido el pasado 29 de octubre (P. Doroteo Santos Borda).

NOTA: Radio Programas del Perú le concedió el premio “Integración y Solidaridad” en el 2004. Madre Celina hizo una gran labor donde ni el Estado ni la comunidad se preocupan por los ancianos y enfermos terminales. Cuando le dijeron que había ganado el galardón, puso en aprietos a Raúl Vargas a quien le dijo que si no le ayudaban con ropa y comida para sus ancianos, no le interesaban las medallas y los cartones de reconocimiento.

El Asilo de desamparados de Abancay ahora tiene moderna infraestructura y lleva el nombre de la religiosa carmelita: Hogar de Ancianos Madre Celina del Niño Jesús de Abancay.

MADRE AMABILIS GEIMER, O.P.

Formadora de los jóvenes

Nació el 05 de octubre de 1917, en Schmittweiler/Waldmohr, en la Región del Palatinado – Alemania. Sus padres fueron AugustGeimer y Anna Weis. Ellos tuvieron 10 hijos. Anna, llamada después Schw. Amábilis, fue la novena hija. Pero no es la única religiosa de la familia, pues años después, una sobrina suya, hija de su hermana menor, se hizo también Dominica de Santa María Magdalena, siguiendo el ejemplo de la admirada tía. Ella es Schw. TheresiaMendeGeimer, quien es directora de nuestro Gimnasio en Alemania.

Como todo niño y adolescente, Madre Amábilis realiza los siguientes estudios en su tierra natal:

• Estudios primarios y secundarios en Schmittweiler.

• Estudios para profesora en el Instituto Pedagógico Femenino del Palatinado, regentado por la Congregación. Terminando con éxito los mismos entre los años 1936 y 1937.

Durante la expansión del Nazismo fueron cerradas las escuelas católicas en Alemania. Al mismo tiempo obispos de Brasil y Perú solicitaron a la superiora del Convento de Santa Magdalena de Speyer el envío de religiosas que apoyaran en la misión de sus países.

Monseñor Salvador Herrera, Obispo de Puno, nacido en Abancay, pidió religiosas alemanas tanto para la Diócesis de Puno como para su tierra natal Abancay. 

Siguiendo el llamado de Dios partió al Perú el primer grupo de Religiosas de Santa María Magdalena, el 06 de enero de 1938. Poco después partió un segundo el 21 de abril, también en 1938. En este segundo grupo, de 9 religiosas, estaba Madre Amábilis como la religiosa más joven quien no había cumplido aún los 21 años. Ese mismo año, el 22 de julio, viajó a Abancay un grupo de religiosas dirigidas por Madre ReinhildisFerber para fundar el Convento y Colegio Santa Rosa, entre ellas se encontraba Madre Amábilis. Fueron recibidas por los alegres pobladores de esta ciudad quienes habían preparado un simbólico arco de flores por el que dejaron pasar a sus esperadas huéspedes. En esta recepción no faltaron los discursos, las flores, y los cuetecillos.

El inicio no fue fácil, pues la fundación se llevó a cabo pese a las dificultades y circunstancias que presentaba un pueblo pequeño de la sierra de hace 70 años, además del reto que significa, para los extranjeros, habituarse a un nuevo idioma, alimentación, clima y vivienda.

Desde entonces se entregó con todas las fuerzas de su juventud, a la formación de niñas y jóvenes, primero del Colegio “Santa Rosa” de Abancay y después de Chosica en el Colegio "Beata Imelda“. Con prudencia supo unir ambas culturas de tal manera que ambas partes se enriquecieran con sus tradiciones, costumbres y sabiduría popular. Fue profesora de Religión, Español, Literatura, Inglés, Ciencias Naturales, Geografía y Deporte. Con gusto se le dieron también los cursos de Arte, Música y Teatro.

Después de 19 años en Abancay fue cambiada a Chosica-Lima para los siguientes 10 años. Una vez más retornó a Abancay para dirigir el Colegio "Sta. Rosa“ entre 1967 y 1974.

Por dos períodos de 6 años ejerció el cargo de Priora Regional de la Congragación en el Perú. También tuvo el cargo de Priora de nuestros conventos de Chosica y Abancay.

Algunos premios y distinciones recibidos por Madre Amábilis:

1967   Diploma otorgado por los Padres de Familia de Abancay por su excelente labor al frente de la dirección del Colegio.

1968   Diploma de reconocimiento de la Municipalidad por el excelente trabajo realizado en le dirección del Colegio “Sta. Rosa””.

1968   Diploma por su participación activa en la Campaña de Alfabetización de Abancay.

1990   Distinción con las “Palmas Magisteriales“ en el grado de AMAUTA otorgado por el Ministerio de Educación del Perú.

• Distinción con la Cruz Federal de Primera Clase en la  Embajada Alemana de del Perú.

• Distinción con el Premio "Divino Maestro“ otorgado por el Consorcio de Colegios Católicos del Perú en el Congreso de Profesores Católicos en la ciudad del Cusco.

Características de la persona de Madre Amábilis:

• Amante de la naturaleza, especialmente de las flores.

• Su apoyo como profesora de música y directora de coro era extraordinario.

• Preparó con mucho detalle las celebraciones eucarísticas y cuidó mucho la Liturgia.

• Apoyó con abnegación a los niños lustrabotas y a sus familias. Visitó hogares, otorgó ayuda material y espiritual.

• Realizó un trabajo conjunto con organizaciones socio – culturales.

• Tenía una fe inquebrantable en la Providencia Divina, tuvo una devoción especial a la Santísima Trinidad. Mostró una amabilidad extraordinaria frente a quienes buscaron su apoyo, su escucha.

• Mantuvo un contacto permanente y lleno de confianza  con las ex alumnas, dándoles el consejo oportuno.

• Dirigió la construcción de la Iglesia de Abancay y la embelleció en los años venideros.

• Construyó la Casa de Retiro y el oratorio de la Comunidad Santa Rosa de Abancay.

En este artículo hemos mencionado aspectos importantes de la vida y obra de nuestra querida Madre Amábilis. Hay mucho más que decir acerca de ella. Esa información queda en el corazón de sus innumerables ex alumnas, quienes a pesar de los años manifiestan la alegría y el agradecimiento de haberla conocido.

Gracias Madre Amábilis y acompáñanos ahora desde el cielo.

P.  ELISEO PEÑALOZA JUAREZ

Sacerdote Diocesano Obediente

El P. Eliseo nació el 25 de febrero de 1909 en el distrito de San Antonio de Cachi. Realizó sus estudios elementales en Cachi,  Huancaray y Andahuaylas. Posteriormente ingresó en el Seminario de San Cristóbal de Huamanga.

El 29 de diciembre de 1935 se ordenó de sacerdote a la edad de 26 años. En 1936 se le nombró párroco de Huancarama y en 1946 fue trasladado a Talavera. También trabajó como vicario parroquial en Andahuaylas, donde fue testigo de la trágica desplome de la mitad del techo del templo, en la que murieron un trabajador y hubo dos heridos.

El P. Eliseo trabajó intensamente en el Valle del Chumbao, impulsando la Acción Católica y las diferentes hermandades. Hizo lo mismo en la atención de las religiosas y de los catequistas.

El 09 de julio de 1956, Mons. Alcides Mendoza, le nombró como Párroco Del Sagrario de Abancay. Aquí trabajó juntamente con el P. Washington Altamirano Menacho.

El 01 de enero de 1961 es trasladado, por segunda vez, a la parroquia de Santiago Apóstol de Talavera. Cuando Mons. Alcides Mendoza es nombrado Vicario General Castrense del Perú, el P. Eliseo retorna nuevamente a Abancay, y tuvo la suerte de recibir al nuevo Obispo, Mons. Enrique Pélach, dándole las palabras de bienvenida. Fue nombrado Vicario General, hasta la venida de Mons. Juan Antonio Ugarte, como Obispo auxiliar.

La vida del P. Eliseo es una entrega pastoral con verdadero afán de almas. Fruto de su preocupación pastoral es la edición de la “Hojita Parroquial”, desde 1967 hasta que la ceguera y la sordera se lo impidieron, una edición incansable por más de 35 años.

Fue párroco de Talavera durante 38 años, sin tomarse las vacaciones, aportando lo mejor de sí para la salvación de las almas. También hoy sigue ayudándonos desde el cielo, como hijo ilustre de la Diócesis.

¡Gracias por tu entrega sacerdotal!

OTROS TESTIGOS FALLECIDOS

La Diócesis tiene abundantes testigos que han dejado ejemplo de fe sencilla y humilde: P. Miguel Guitart (Sacerdote Diocesano); P. José Manuel Castro (Rector y formador del Seminario); P. Leopoldo Huamán (Sacerdote Diocesano); Joel Cuya (Seminarista); M. Carmen Rosa (OCD);  M. Rómula (DP) e innumerables laicos…