| Homilía por los 50 años de Cáritas Abancay |
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Mons. Isidro Sala Ribera. Obispo de Abancay. Desde hace veinte siglos, "gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico" (Benedicto XVI, Mensaje para la cuaresma 2006). «En verdad les digo que cuanto hicieron ustedes a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron», dice Jesús en el Evangelio de San Mateo (Mt 25, 40). El mensaje cristiano supera toda diferencia hasta extender el amor incluso a los enemigos. El «mandamiento nuevo», al basarse en la paternidad universal de Dios, trasciende toda discriminación, pues «ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3, 28). El mensaje de amor fraterno informó la predicación y enseñanza de los Apóstoles. San Juan, por ejemplo, enseña la estrecha relación que guardan los preceptos de amor a Dios y al prójimo, y San Pablo indica: «La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo» (Sant 1, 27). Los primeros cristianos lo practicaron con exigencia: «la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común... No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según sus necesidades» (Act 4, 32.34.35). En Roma, los Papas hacían honor al sobrenombre de «Padre de los pobres». Destacó especialmente San Gregorio Magno por la inteligente administración de los bienes eclesiásticos en favor de los menesterosos, consignando en meticulosos registros su nombre, la fecha y la cuantía de las limosnas. La actividad caritativa de los obispos continuó durante la Edad Media, floreciendo en Francia y en las Islas Británicas. Los benedictinos y cistercienses eran responsables de la hospitalitas (hospitalidad) en su más amplia acepción social: peregrinos y viajeros, enfermos, madres grávidas, ancianos y niños abandonados. En la época moderna, las misiones han conseguido unir siempre evangelización y promoción humana de los pueblos. En América los misioneros realizaron una importante defensa de los aborígenes frente a los abusos de algunos encomenderos y patrocinaron una legislación (Leyes de Indias), que no existió en otros países colonizados en los siglos XVI y XVII. Crearon, además, instituciones educativas y favorecieron la concesión de becas y el acceso a la Universidad de los indígenas. Organizaron el mercado laboral y crearon cajas de ahorro, fundaron hospitales y en Paraguay entre los guaraníes son famosas las "Reducciones" jesuíticas. San Pedro Claver ha luchado para que negroafricanos no fuesen tratados como esclavos en América. El desarrollo de las comunicaciones ha proyectado las obras de beneficencia y de promoción humana por encima de las fronteras políticas y las diferencias raciales. La Iglesia ha dado ejemplo en la actividad de los Papas, especialmente Benedicto XV y Pío XII, que se han esforzado en mitigar los horrores de las dos guerras mundiales. En 1950, por iniciativa de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, se creó la Caritas Internationalis, coronando una serie de esfuerzos de colaboración católica internacional iniciados en las asambleas de Amsterdam (1924), Lucerna (1926) y Basilea (1928 y 1930). Caritas existe en más de 80 países, y se dirige a difundir las obras de caridad cristiana por todo el mundo, promoviendo la colaboración y coordinación de las actividades nacionales hacia la resolución de problemas internacionales, y considerando la asistencia en el aspecto religioso, moral, social, jurídico y económico. Existen en Nueva York y Ginebra delegaciones permanentes de Caritas para colaborar con las Naciones Unidas y sus organismos especializados. En Abancay existe Caritas diocesana desde 1959. Otras importantes instituciones católicas son: la «Obra episcopal Misereor contra el hambre y la enfermedad en el mundo» y nació en 1959 con la petición de los obispos alemanes a los fieles católicos del país invitándoles a entregar una ofrenda cuaresmal para aliviar el hambre y la enfermedad en naciones necesitadas. Tres motivos inspiraron la aparición de Misereor: la obligación del amor fraterno a ejemplo de Cristo (misereor super turbam), el fomento de la limosna cuaresmal y la conciencia de la desigualdad económica del mundo. Ideada en principio para África y Asia, la ayuda de Misereor se ha extendido generosamente a Latinoamérica, llegando incluso a nuestra región de Apurímac. También se celebra anualmente, desde la Navidad de 1961, la colecta Adveniat, organizada por el episcopado alemán en favor del apostolado en los países subdesarrollados o en vías de desarrollo. En nuestra diócesis de Abancay tenemos numerosos ejemplos de la ayuda recibida de Adveniat: el seminario, algunas casas parroquiales y de retiro, parte de los automóviles... se han visto beneficiados por la generosidad de católicos alemanes. En conclusión, la Iglesia ha realizado una amplia y benemérita labor social a lo largo de su historia. Ha entendido que existe un orden en la caridad, que lleva a amar en primer lugar a las personas o cosas que están más cerca o que están más necesitadas. Cáritas Abancay inicia sus actividades en 1959, al año de haberse creado la diócesis de Abancay, con Mons. Alcides Mendoza Castro. En ese entonces, la labor consistía en el reparto de alimentos a las poblaciones más pobres, siguiendo estos criterios: a familias en que el jefe de ella se halla sin trabajo y carece de otras fuentes de ingreso; los pertenecientes a familias numerosas en que el trabajo del jefe de familia no basta para cubrir los gastos indispensables, tales: alimentación, vivienda, vestido; los que son asistidos por Instituciones de atención gratuita, como: escuelas, asilos, hospitales, centros de maternidad, colonias vacacionales, etc. En 1968, Mons. Enrique Pélach y Feliú es nombrado Obispo de Abancay y -entre otras labores--, institucionaliza y fortalece la Cáritas diocesana, que por la ausencia de un pastor propio estaba prácticamente sin actividad. Por ello, busca apoyo para los pobres de la diócesis (ancianos abandonados, niños y niñas pobres, enfermos de lepra y menesterosos) visitando Cáritas Peruana y buscando apoyo en otras instituciones del Perú y del extranjero. Mons. Enrique nombra secretario de Cáritas Diocesana de Abancay al P. Miguel Guitart Crosas, quien se cuida sobre todo de la asistencia social, mediante el reparto de alimentos en los colegios, escuelas y postas médicas, a través de las parroquias de la jurisdicción. Eran los comienzos de una nueva etapa de la Cáritas Diocesana de Abancay. El año 1980, el P. Jesús Alonso Prestel es nombrado Secretario General de Cáritas Abancay. Le apoyan en la labor párrocos, religiosas y seminaristas. Construye el nuevo local de la Cáritas Diocesana y desarrolla una ingente ayuda humanitaria con donaciones de ropa y víveres para niños, madres, ancianos y familias de condición pobre. Sin embargo, los alimentos nunca se dan gratuitamente, eran siempre Alimentos por trabajo. Gracias a ello, se construyeron infraestructuras educativas, salones comunales, carreteras, canales de riego, postas médicas, etc. Asimismo, se prestó ayuda alimentaria a los niños de los centros educativos iniciales, los famosos jardines, mejorando su alimentación y su rendimiento académico. El P. Jesús Alonso Prestel también promovió la creación Clubes de Madres en las parroquias, dirigidos por las religiosas de diferentes congregaciones y por un sinnúmero de promotoras voluntarias. Se les enseñaba opciones laborales de tejido, bordado, corte y confección, cocina, repostería. Muchas eran iletradas, por lo que había que alfabetizarlas y enseñarles a ser una buena esposa y una buena madre de familia. Muchas eran viudas, pues habían perdido al esposo o habían sido abandonadas. Esos años difíciles del terrorismo, la Iglesia, a través de Cáritas diocesana, acogió a los indigentes, mujeres abandonadas y viudas, brindándoles ayuda humanitaria, espiritual y psicológica; brindándoles cariño y comprensión. En 1996, el P. Tomás García Sorzano asume la dirección de Cáritas Diocesana en un proceso de continuidad del trabajo realizado anteriormente, dándole nuevo empuje, buscando nuevas fuentes de ayuda humanitaria en el extranjero para proyectos de desarrollo en el sector rural, tanto en educación, salud, ganadería, agricultura y en el desarrollo de las capacidades locales, con la contrapartida de su colaboración y de educar a los beneficiados. Todos recordamos el trabajo intenso y certero del P. Tomás, su buen humor y su calidad de sacerdote al cien por cien. Sus obras son patentes y conocidas por todos. Actualmente, desde diciembre del pasado 2008, el Secretario General de Cáritas Abancay, con nombramiento eclesiástico y civil, es el Rvdo. P. Santos Doroteo Borda López, quien también continuando la trayectoria de Cáritas, tiene valiosas ideas para fortalecer y ampliar la Institución Cáritas a favor de las personas y familias más necesitadas de nuestra diócesis de Abancay. Por ahora, hasta que el Santo Padre acepte mi renuncia al gobierno de la Diócesis, soy el Presidente de Directorio de Cáritas Abancay. Los proyectos de Cáritas Abancay impulsan el desarrollo humano sostenible, con actividades en los sectores de salud, educación y el desarrollo agropecuario, con ingredientes de seguridad alimentaria y protección del medio ambiente. Asimismo, canaliza las ayudas humanitarias para los damnificados en casos de emergencia. El ámbito de intervención de Cáritas Abancay se circunscribe a las cuatro provincias que forman la Diócesis de Abancay: Chincheros, Andahuaylas, Aymaraes y Abancay, dentro de la Región Apurímac. Son 50 años, Bodas de Oro, motivo extraordinario para dar gracias a Dios. Esta Santa Misa, acto principal de este aniversario, la ofrecemos a la Santísima Trinidad en acción de gracias, por habernos permitido cumplir ampliamente nuestra misión pastoral. Tucui lIacctamanta jamucc mamacuna, taitacuna, sonccoimanta pacham ccancunahuan cusicuni. Huac-cha caimanta lloccsiichis, allinta llamcaspa sumacc causaipi tiyaspa. Maquiquichispin taricun ñaupaccman rii. Puririichis, jatariichis, ric-chariichis, Diosninchishuan causaspa, paipa munasccanta ruraspa. Agradezco a todas las personas que antes y ahora han prestado su servicio en Cáritas; igualmente a todos los voluntarios que han venido a ayudarnos. Nuestra Señora de Cocharcas, Patrona de la Diócesis, nos proteja y acompañe en la labor de servir a Cristo en los más necesitados. |