Seminario
 
Carta de un sacerdote ex alumno PDF Imprimir E-mail

Egresé del Seminario Nuestra Señora de Cocharcas de Abancay. Nací en el distrito de Julcamarca, Angaraes, Huancavelica, y me ordené sacerdote en 1994.
Estudié junto a otros jóvenes, ahora sacerdotes, con la venia de mi obispo, Mons. Demetrio Molloy, durante siete años. Ahora soy párroco de Lircay y veo que ha valido la pena realizar esos interminables viajes hasta Abancay.

En aquellos años, la travesía se hacía en cuatro o cinco días, a veces cómodamente y otras no tanto. Existían pocos carros y todos iban repletos de gente. Recuerdo que una vez salimos desde Lima en un autobús. No había sitio ni para estar de pie, las señoras y los ancianos lidiaban para cuidar sus asientos. El autobús iba a paso de tortuga. Paraba en cada sitio. Los controles militares eran interminables, debían revisamos los documentos una y otra vez. Si tus papeles no estaban en regla, fácilmente te tildaban de terrorista. Las zonas desoladas daban miedo. No sabíamos si nos detendrían los terroristas, los asaltantes o las patrullas militares. Uno tenía que estar preparado para todo. Poniendo buen humor, había que viajar hasta Abancay a seguir formándose. Te encomendabas a los santos y a los ángeles de la guarda y el viaje se desarrollaba bien.

Recuerdo que una vez íbamos somnolientos, cogidos de los barrotes del autobús, en los famosos "intermedios". Cerca de Chalhuanca, se despierta un “borrachito” y ve a Jaime María -ahora sacerdote- de origen español, a quien decimos "gringo", por ser rubio; que viajaba cogido del estribo de hierro entre el asiento y la puerta de salida del autobús... el borrachito dice: "ccahuajchic huac gringota, huallpajina tiach-can puñostinl", que quiere decir: "¡Miren a ese gringo que como las gallinas duerme sentado!". La risa del beodo nos contagió a todos los cansados y aburridos viajeros. Reímos por largos kilómetros.
Cuento la anécdota para compartir con ustedes la enorme satisfacción que tengo de haber estudiado en ese seminario. Mi gratitud y agradecimiento su gestor e iniciador: Mons. Enrique pélach, a su sucesor Mons. Isidro Sala, al obispo auxiliar Mons. Gilberto Gómez. No puedo olvidar a los formadores y profesores, como a toda esa gente buena que, con sus oraciones y su aporte económico, han hecho tanto por nosotros.
Gracias por todo, querido Seminario.

P. Eder Alejandro Saldaña
Párroco de Lircay - Huancavelica

 
< Anterior   Próximo >