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Inter medium montium pertransibunt aquae (Salmo 103, 10).
“Por entre los montes las aguas pasarán”
El Salmo103 canta la gloria de Dios en la Creación, que “hace brotar en los valles los manantiales que corren entre los montes”. El agua da vida a la tierra árida y la hace fecunda y apaga la sed.
El gran escritor peruano José María Arguedas dio el título de “Los Ríos Profundos” a su mejor novela, ambientada en Abancay. Por un prodigio de la naturaleza, los ríos discurren por el fondo de los valles de Apurímac entre altas cumbres y nevados de cinco mil metros de altitud. Sus aguas sortean todos los obstáculos hasta llegar a la mar, cubriendo de frutos las quebradas.
De la misma manera, los ríos de la gracia de Dios riegan la tierra en sequía. Son las almas que tienen hambre y sed de Dios –“mi alma tiene está sedienta de Ti...., como tierra reseca, agostada, sin agua” (S.62)
A través de los montes, saltando las grandes dificultades que era preciso superar –culturales, sociales, económicas-, la fe de unos obispos (Mons. Enrique primero y Mons. Isidro después), la de un puñado de sacerdotes (formadores, profesores, párrocos...), la fe de las religiosas, de los seminaristas y de tantos padres de familia –en el Perú y fuera del Perú-
ha hecho posible la creación, implementación y mantenimiento del Seminario Nuestra Señora de Cocharcas, por cuyas aulas han pasado ya casi un centenar de sacerdotes.
Las aguas pasarán: es promesa y esperanza de futuro. El Beato Josemaría Escrivá, inspirador de esta casa de formación, escribió: “Crécete ante los obstáculos. La gracia del Señor no te ha de faltar: “Inter medium montium pertransibunt aquae” -¡Pasarás a través de los montes!” (Camino, 12).
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