Homilia pronunciada por Mons. Isidro Sala, en la Eucaristia de las Bodas de Oro de la Diócesis PDF Imprimir E-mail
Uno de ellos… se volvió alabando a Dios y se echó a los pies de Jesús dàndole gracias". Jesús agradece también el gesto del leproso que había sido curado y echa de menos que los otros no hayan vuelto a dar gracias a Dios. Porque "de bien nacidos es ser agradecidos"

1. Recordar el pasado con agradecimiento

Y hoy nos reunimos para dar gracias al Señor por estos 50 años de la diócesis de Abancay, erigida tal día como ayer por el Papa Pío XII en 1958. De esa manera se daba continuidad a la gran obra de la primera evangelización.

El venerado Papa Juan Pablo II nos recordaba en su primera visita al Perú que, aunque los nativos habían resistido a la conquista, sin embargo habían acogido el Evangelio, la luz de Cristo con los brazos abiertos. De ahí la gran devoción a la Cruz que corona todos nuestros cerros, y a la Virgen María. Testimonio de ello es –entre otros- el hermoso santuario colonial de Cocharcas que guarda la imagen de nuestra Patrona, venerada hace más de 400 años. Lo son también el santuario de Caipe y varios templos de Aimaraes y Andahuaylas…

La creación de la diócesis de Abancay –y diez años más tarde de  la prelatura de Chuquibambilla- significó una gran bendición para nuestro departamento de Apurímac, que vio extenderse la fe católica  por sus provincias, distritos y comunidades con la presencia de un obispo –sucesor de los Apóstoles- y la posibilidad de contar con clero nativo formado en nuestra tierra.

Por eso " miramos al pasado con agradecimiento".
Y quiero recordar, en primer lugar, a Monseñor Alcides Mendoza –que nos acompaña espiritualmente, pues su salud no le permite estar aquí. Él fue el primer Obispo de la diócesis por cerca de diez años y le tocó dar los primeros pasos en la organización de la diócesis y conseguir misioneros y religiosas. Así vinieron los sacerdotes de la Sociedad Misionera de Santiago Apóstol y las religiosas de la Divina Providencia, las Carmelitas Descalzas,  Las Madres Lauritas y las de San José de Cluny…

Le sucedió Monseñor Enrique Pélach, que se fue al Cielo en julio pasado después de una ingente labor misionera. Trajo también sacerdotes de España – muchos de ellos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz – y puso en marcha el Seminario, del que han egresado abundantes sacerdotes que trabajan en nuestra diócesis o en otras jurisdicciones del país. Fomentó la vocaciones religiosas, fundó obras sociales (asilos, el Centro Médico, hogares, comedores populares…) y mendigó en el extranjero para sostenerlas y construir cerca de un centenar de templos y capillas.
¿Cómo no dar gracias por los pastores que nos han precedido?
 
2. Gracias, perdón y ayúdanos más

El siervo de Dios don Álvaro del Portillo acuñó esta jaculatoria: Señor: gracias, perdón y ayúdame más"
Puede ser un buen resumen para nuestra oración de hoy.

Gracias por todas las gracias que la Trinidad beatísima nos ha concedido y por la correspondencia fiel de tantos  sacerdotes, religiosos y laicos.

(A modo de ejemplo, podríamos recordar , entre muchos, al P. Miguel Guitart, a la Madre Rómula, a la Madre Celina, que dejaron una huella de santidad…

¿Cómo no admirar al P. Peñalosa, de 99 años y a Madre Amábilis, de más de 90, grandes ejemplos de entrega a las almas?
Y, con ellos, tantas personas que vivieron con fidelidad su vocación cristiana.

Y pedimos perdón por las veces que hemos sabido estar a la altura de la gracia recibida o no hemos hecho producir nuestro talento, por esas lagunas o faltas de amor que quedan en nuestra vida personal y en la de otros.
 
Y con la humildad que damos gracias o pedimos perdón, también suplicamos que el Señor se siga luciendo en esta bendita tierra de Abancay, Andahuaylas, Chincheros y Aimaraes. Que nos siga alimentando con su Palabra y con su Eucaristía; que no nos falten las vocaciones   para seguir haciendo misión en nuestra iglesia particular y más allá de nuestras fronteras; ni los medios para remediar las necesidades apostólicas, las labores sociales, para atender a los más pobres como se merecen.
 
3. Sabernos y sentirnos Iglesia - Una, Santa, Católica y Apostólica

Mucho hemos insistido en nuestros últimos planes pastorales en que hemos de tomar conciencia de que somos Iglesia. " La Diócesis es aquella comunidad de cristianos en comunión de fe y sacramentos con su obispo, sucesor de los Apóstoles, y con la Iglesia de Roma, que preside en la caridad" En nuestra Iglesia particular está presente la Iglesia Universal –una, santa, católica y Apostólica-.
 
La Iglesia es Una, porque "confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo, un solo Dios y Padre de todos…"; porque Jesús reunión a todos los pueblos en un solo cuerpo, porque somos impulsados por el mismo Espíritu y esperamos un destino común: la vida eterna.
Si es verdad que en nuestra diócesis también han proliferado las sectas religiosas, también lo es que el Señor ha querido "un solo rebaño y un solo Pastor" y ha orado al Padre "para que todos sean uno".
Ello nos obliga a vivir la Unidad, como una verdadera pasión. Que seamos una comunidad unida donde todos contribuyen al bien de todos, de modo que seamos como "una ciudad firme", como "un ejército en orden de batalla", una batalla de amor y de paz.
 
La Iglesia es Santa porque Cristo, su Cabeza y Fundador " se entregó por ella para santificarla"( Ef 5, 25-26), porque está vivificada por el Espíritu Santificador y posee todos los medios de salvación. Los hijos de la Iglesia Santa somos pecadores, pero pecadores que buscamos la conversión y la purificación. Para lograr esta conversión, el Santo Padre nos ha concedido en este año Jubilar  la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria: para purificarnos y renovarnos interiormente y sacar también almas del Purgatorio…….

Sabemos que estamos llamados a la santidad. Todos: varones y mujeres, jóvenes y niños y adultos, pastores y fieles laicos…  Lo acabamos de escuchar en la Carta de San Pablo a los de Éfeso: "Él nos llamó antes de la constitución del mundo para que fuéramos santo e irreprochables ante Él por el amor….Nos destinó a ser sus hijos" (Ef 1, 4ss)

Es justo reconocer aquí la predicación incansable de San Josemaría sobre la "necesidad de santificarse en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano. "Cada uno en la vocación que ha sido llamado, en ella permanezca". Y el Concilio Vaticano II recoge: Todos los cristianos, de cualquier clase y condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección en el amor" (LG 40) Esta es nuestra prioridad pastoral: la santidad y el apostolado, que le va inseparablemente unido.
 
La Iglesia es Católica, es decir, Universal. Porque en ella está Cristo y todos los medios de salvación para todos los pueblos. Él nos mandó: "Vayan a todos los pueblos y anuncien el Evangelio a toda criatura" (Mt 28 ).

Hemos celebrado dos congresos misioneros y nos hemos comprometido a desarrollar una amplia y fuerte actividad misionera al interior de la diócesis y a ayudar, si es posible, a otras iglesias necesitadas, como lo hacen ya muchos de nuestros sacerdotes (algunos aquí presentes).

Pero en esta tarea todos estamos comprometidos: sacerdotes, religiosos y laicos, movimientos apostólicos y todos los bautizados. No nos podemos desentender de construir el Reino de Dios. El apostolado es una exigencia de la vida cristiana. Los misioneros son expresión de la madurez de una iglesia. Tenemos que ver más allá de estos cerros. La Iglesia es Universal, Católica.
 
Finalmente, La Iglesia es también Apostólica, porque está fundada sobre los Apóstoles y su doctrina. La apostolicidad se mantiene a través del Obispo, sucesor de los Apóstoles, con quien hemos de vivir unidos afectiva y efectivamente. Dijo san Ignacio: " No hagan nada sin el Obispo".
 
Queridos hermanos: Somos familia diocesana. Desde el Obispo hasta el último bautizado. Demos gracias a Dios por llamarnos a ser Iglesia y pidamos que nos ayude a seguir construyendo la Iglesia.
 
4. Agradezo:

A aquellos misioneros que ya no están entre nosotros: como los sacerdotes  de la Sociedad de Santiago Apóstol y  los sacerdotes españoles que dejaron aquí lo mejor de su vida; las Religiosas de Jesús Verbo y Víctima y otras.

La de todos ustedes, sacerdotes que rodean el altar: los formados en nuestro seminario y los venidos de lejanas tierras, como misioneros. Agradezco la presencia de las comunidades religiosas que trabajan en la Diócesis, de los catequistas rurales, de los movimientos apostólicos, las representaciones de las parroquias, donde también celebraremos este aniversario.

La presencia de las autoridades, la representación de los centros educativos.
Y muy especialmente la de estos hermanos obispos, como expresión de comunión. Se lo agradezco de corazón.

Que nuestra Patrona, la Virgen de Cocharcas, los bendiga a todos.
 
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