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Fiesta de Corpus Christi en Abancay

Fiesta de Corpus Christi en Abancay

En la Fiesta de Corpus Christi, inseparablemente unida al Jueves Santo, en el que celebramos la institución de la Eucaristía, el más grande de los sacramentos es presentado a la adoración y es llevado en procesión, para manifestar que Cristo resucitado camina con nosotros, guiándonos hacia la eternidad.

Como parte de las grandes actividades programadas en el Año de la Fe, por la Santa Sede, el domingo 2 de junio, en la Diócesis de Abancay se ha realizado la Solemne Adoración Eucarística, acto que fue pedido por el Papa Francisco, a la cual se unieron en comunión todas las parroquias.

El Corpus Christi en la ciudad de Abancay se realizó con una numerosa concurrencia de fieles que se dan cita anualmente en la Catedral donde se efectuó la solemne celebración eucarística presidida por Mons. Gilberto Gómez y con la participación de los sacerdotes que trabajan en la zona urbana de Abancay.

En este Año de la Fe, otra vez Cristo resucitado sale por las calles de la ciudad para caminar con nosotros. La procesión solemne que realizamos por las calles de Abancay llevando a Jesús Sacramentado se convierte en una procesión testimonial, es decir, que públicamente declaramos que creemos en el amor redentor de Cristo.

A este testimonio de la Sede episcopal se unieron las parroquias urbanas y de los distritos de las cuatro provincias de Apurímac para proclamar la presencia de Cristo en la Eucaristía.

Las diferentes instituciones y grupos de las parroquias preparan alfombras para el Santísimo. Sobresalen lo del Seminario Mayor Nuestra Señora de cocharcas que durante tres días se esmeran para recolectar flores. Lo dedican durante día y noche para manifestar el gran amor a  al Eucaristía. Lo hacen estos jóvenes con mucho entusiasmo. Pero, ¿Cuál es el secreto que los anima a confeccionar estas alfombras?¡El secreto es Jesús! Por él lo hacen todo...

Impactante fue la procesión a lo largo de la calle principal: numerosos fieles se unían al caminar y se arrodillaban con respeto en cada uno de los altares que habían sido colocados por los diferentes grupos parroquiales. Allí hicieron oración por los niños, los jóvenes, los enfermos, la vida del trabajo, las vocaciones.Y allí en donde la vida de los fieles se desenvuelve, en la calle, en los trabajos, en medio del ruido y del trabajo, allí caminaba Jesús y los bendecía.